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EL AMOR A LOS NIÑOS
Un niño debe, principalmente, tener buenos ejemplos: de sus mayores en casa, en la escuela, en el círculo de amigos en que se mueve.
Estos ejemplos son, sin lugar a dudas, la mejor enseñanza y educación.
Ni gritos retumbantes, ni golpes humillantes.
El niño tiene una lógica pura, sencilla y justa. No le enseñen los mayores a perder esas condiciones tan útiles para su vida joven y adulta.
En todo momento, aunque sea uno de esos momentos difíciles que las criaturas proporcionan, recordemos que no es adulto, que es una persona que está en pleno desarrollo de sus inclinaciones, de su voluntad que aún no domina, y que, generalmente lo que más necesita, es cariño.
Tratemos a los niños con dulzura y firmeza, que también mucho la necesitan; si no seremos juguetes en sus manitos, esclavos de sus caprichos.
Pero tengamos siempre presente que el amor hacia ellos, hacia cada uno, es el lazo más fuerte con el que atamos su corazón. Para siempre.
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