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ULTIMOS DIAS DE ADVIENTO
El tiempo, que parece que en esos días del año corre, nos acerca a la Nochebuena. En momentos más nacerá Jesús y se realizará la promesa divina que comenzó con el sí de María al Arcángel Gabriel.
Promesa de salvación y vida eterna.
Es lo que nos trae la presencia de Dios en el mundo de los hombres.
Ya nace Jesús, el Niño que es Dios.
María y José viajan a Belén. Hay que cumplir la orden de empadronarse.
Y adoran. En silencio en medio del bullicio reinante.
Así nosotros, también hoy más de 2000 años después, debemos cumplir con nuestros deberes -los que cada uno tenga- y en medio del frenesí comercial, del ruido, de la televisión y la radio, prepararnos a recibir a Jesús que viene a nosotros. Igual que hace tantísimos años.
Acompañaremos su nacimiento, de corazón. Con devoción profunda. Amor sencillo y humilde, pero real y vivido. Dispuestos a la receptividad que el gran acontecimiento de la historia merece y nos pide.
Y con alegría íntima y callada.
En medio el ruido, un silencio revelador de profundidades amorosas y legítimas. Es Dios que viene. Que nace de María Virgen.
Que viene a cumplir la misión encargada por el Padre, en favor de estos otros hijos de la tierra. Misión salvífica, misión de amor infinito.
Nuestro mejor homenaje, a quien le debemos nuestra eternidad feliz en la Casa del Padre, será ser sus apóstoles y sus misioneros. Hoy, a nosotros, nos toca ese doble papel: apóstoles y misioneros. El mundo lo necesita, ahora como antes. La Palabra de Jesús debemos llevarla a nuestro entorno. Quienes nos rodean lo necesitan. Tantos y tantos, la han olvidado o la han descartado de sus vidas... o no la han conocido. Y se oyen tantas otras voces que conquistan sin palabras de verdad, con falsas promesas milagreras.
Es Jesús que nos reclama presencia con nuestro ejemplo de vida; regalar su Palabra con nuestras voces; sí, en medio de tanto palabrerío hueco y tanto ruido en el que se pierde la vida interior. Porque no brota, porque el ambiente no es propicio a veces, un siquiera en la familia, donde cada cual corre por su lado en medio de tantos compromisos.
Jesús hoy nos urge a encontrarnos, a crecer espiritualmente, a recogernos en la intimidad del corazón, porque Él estará allí pronto a escuchar nuestra voz y a que sea escuchada la suya.
Ayudemos a Jesús, ayudemos a quienes necesitan de su presencia en sus vidas y están lejos de Él y aún sin encontrarlo.
Pidamos en nuestra oración, que María nos ayude a hacer conocer a su Hijo Divino; a que quienes lo buscan, lo encuentren; a hacerlo presente ante quienes no lo buscan.
Es nuestra misión y nuestra tarea.
Que el Niño Dios nazca en cada corazón de los hombres de buena voluntad, en esta Nochebuena que se acerca.
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