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¿POR QUÉ EL ROSARIO?
La Santísima Virgen siempre pide a sus hijos el rezo del Santo Rosario ¿Por qué es ésa su oración predilecta?
Veamos: a través de los cuatro grupos de Misterios que se meditan, se revive la vida de Jesucristo - Dios y Hombre- y la vida de María, su Madre. Desde la Anunciación del Ángel a María, hasta la Coronación de María en los Cielos como Reina y Señora.
Mientras contemplamos los Misterios de Gozo, recorremos junto a María y José desde el momento que María pronuncia su SI a la voluntad del Padre, los sucesos que vivió la Sagrada Familia hasta la pérdida del Niño Jesús hallado luego en el Templo, asombrando a maestros y doctores de la ley, con Su Palabra y sabiduría.
Los Misterios de Luz presentan a nuestra reflexión los acontecimientos más destacados de la vida pública de Jesús. Estos hechos nos insertan en su doctrina, a través del ejemplo de su vida, mueven nuestra fe y esperanza y nos llaman a la caridad y al perdón cristiano y generoso. Vivimos muy de cerca el amor sublime de Jesús por los hombres.
En los Misterios Dolorosos, seguimos, paso a paso, la Pasión y Muerte de Nuestro Señor, su sacrificio, sus intensos dolores físicos y morales, y el inmenso dolor de María. Todo por amor a nosotros los hombres, por la Redención y Salvación del género humano. En la contemplación de estos cinco Misterios, descubrimos, ahora en vivo, la inmensidad del amor de Dios por todos nosotros. Y el amor de María, convertida en Madre nuestra, desde la Cruz.
Los últimos cinco Misterios, nos muestran la gloria de Jesús y de María. En el primer Misterio, la Resurrección de Jesús, se certifica nuestra fe. Sin Cristo resucitado, nuestra fe sería vana, inconcebible. Y nos muestran al Cristo Glorioso, el inicio de la Iglesia por la venida del Espíritu Santo prometido, y la gloria de María.
El Rosario es así, un compendio del Evangelio. Meditación que nos mantiene vivos en la fe y el amor. El recuerdo de los hechos narrados en sus veinte Misterios, nos sostiene firmes, frente a tantas y tantas doctrinas que andan por este mundo. Ideologías, supersticiones, falsedades, y hasta negocios pertrechados en el engaño, y la buena fe de quienes acuden en busca de los milagros ofrecidos, a precio de mercado o de remate.
Resulta claro entonces, que la Santísima Virgen pida que se rece el Rosario, que nos une firmemente a la vida de Jesús y a la de Ella. Que conduce a esa salvación por la que dio la vida su Hijo, revivida por María en su corazón de Madre, co redimiendo junto al Hijo.
Ninguna otra oración reúne tantas virtudes.
En el Santo Rosario se repite el Padrenuestro, oración enseñada por Jesús a sus discípulos y el Avemaría, oración que reproduce el saludo del Ángel a la Santa Virgen y el saludo de Isabel a su prima, al recibir la visita de María, en su casa, allá en la montaña.
El Rosario es resumen valedero del Nuevo Testamento.
Nos acerca íntimamente a Jesús y a María.
Nos anima a seguir el camino trazado para cada uno por la Divina Providencia, para nuestra eternidad feliz en la Casa del Padre.
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