VOCACIONES SACERDOTALES Y RELIGIOSAS

Las vocaciones sacerdotales y religiosas son un don de Dios, un llamado a sus hijos predilectos. Necesarias para ir construyendo el Reino de Dios en la tierra; necesarias para las almas de los redimidos todos; necesarias para la divulgación de la doctrina cristiana y la propagación de la fe.
Todos los bautizados estamos implicados en esta empresa de amor, fe y esperanza. Pero quienes reciben de Dios estas vocaciones estarán más comprometidos.
Seguramente para que broten estas vocaciones, para que sea oída la voz del Señor por quienes son llamados, juega papel casi podríamos decir decisivo, la familia.
La familia es el primer y mejor centro de educación y formación de todas las personas. Hombres y mujeres. Todo se aprende en familia: a hablar, a caminar, el bien y sus diferencias con el mal; en el medio familiar serán absorbidas desde el nacimiento estas enseñanzas y los valores que se inculquen a medida que los hijos crecen. Enorme responsabilidad de los padres. Por eso es que la familia debe ser la principal preocupación del conjunto social, en cuanto a su desenvolvimiento, al cumplimiento de sus fines, en cuanto a su integridad. Social y moral.
Las familias cristianas tienen sus propios deberes en defensa de su ideal cristiano, de su fe. Responsabilidad que no acaba en lo meramente humano, sino que trasciende lo natural para alcanzar la meta de lo sobrenatural. Maravillosa misión. La salvación eterna en juego, junto con el desarrollo meramente humano. Educación y formación, para aquí y ahora; para el más allá, cuando Dios disponga. Con los límites de la vida del ser humano y con la eternidad como grandiosa perspectiva. Una doble responsabilidad.
La evolución que ha seguido el clima familiar en la sociedad actual nos hace pensar en cuántas familias de hoy, pueden brotar sincera y fácilmente las vocaciones al sacerdocio y las religiosas.
Hoy la preocupación mayor en las familias, es de orden material. El presupuesto y el trabajo que lo sustente. El descanso y el entretenimiento. La diversión, las vacaciones, las modas con sus marcas más sobresalientes en el mercado......
Y ¿la espiritualidad? ¿La formación de la conciencia? ¿La fe? ¿La moral? ¿Dios? En todo caso, en un segundo plano... más adelante... y a nuestro modo.

Es urgente un cambio y una vuelta a las mismas raíces de nuestra condición de cristianos. El mundo no va por buen camino sin su Padre Creador, Dios, abandonado por los hombres. Esa es una realidad que todos  -creyentes o no- vemos de continuo.
En el mundo sin Dios, el hombre sufre sin amor, sin fe, sin esperanza...
Brotan los odios, las venganzas, las guerras, la corrupción y el vicio...
El hombre, creado por Dios a su imagen y semejanza, siente interiormente un vacío espiritual que nada lo colma. No es feliz en toda la dimensión para la que fue creado. Es necesario devolver al mundo lo que ha ido perdiendo. Y ésa es tarea de todos.
Debemos, pues, juntos emprender la tarea apostólica de devolver al hombre su doble realidad  material y espiritual, para que pueda recuperar su semejanza con el Señor y de esta manera su esperanza, en la fe y el amor. Y el mundo se  nos presentará como un lugar más amable, más acogedor y feliz.
Las familias recuperarán su misión educadora y formadora y en los valores recuperados, florecerá una nueva primavera de vocaciones sacerdotales y religiosas que atenderán las heridas de las almas y de los corazones, acercándolas al Padre Creador, al Hijo Redentor y al Espíritu  Santo vivificador.
Con la ayuda de Dios Padre y de María Santísima nuestra Madre.