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EL AMOR, UNA VOCACION, UNA OBLIGACION, UNA NECESIDAD.
El amor es un sentimiento que desciende del Padre, cuya esencia es el amor, predicado por el Hijo con el ejemplo de su vida y de su muerte, y que nos inspira el Espíritu Santo.
Obligados moralmente por la Santísima Trinidad, los hombres tendríamos que sentir, ejercer, vivir el amor. Crear entre todos, un mundo de amor. A eso se dirige, el mandato que el hombre ha recibido de lo Alto.
“Amaos los unos a los otros como Yo los he amado“, dijo Jesús. Todos sabemos cómo y hasta qué punto nos amó.
Desde el momento del Bautismo, los bautizados hemos recibido el don de la fe, hemos sido convertidos en templos vivos del Espíritu Santo. Somos los nuevos apóstoles, discípulos y testigos del Señor Jesús.
El amor debe ser, pues, el motor que alimente y señale la vida del cristiano,
para que los demás reconozcan a quien es testigo de Jesús. Amor que contagie, amor que perdone, amor que socorra, amor que sobreviva en el corazón de cada uno, a pesar de cualquier contingencia humana. Porque es el espejo del amor de Jesús.
Imaginen, amigos oyentes, un mundo así: sin odios ni venganzas, sin rencores, sin guerras, sin envidias, sin sobresaltos. Es claro que no es, ni –lamentablemente- podrá ser ésta una realidad que podamos contemplar nosotros. Ponen su nota discordante en el mundo los que no son cristianos y viven una vida no cristiana. Y los cristianos débiles, como todo ser humano, con sus transgresiones, con sus pasos en falso, con sus momentáneos olvidos de Dios.
En todos los lugares habrá buenos y no tan buenos. Con más o con menos amor.
Los hombres de la tierra, desde Adán y Eva en el Paraíso, somos todos pecadores, con inclinación a la falta, lo que impide el amor. Quien ama, no daña. Derrama el bien a su alrededor.
La tarea del cristiano que quiere vivir una autenticidad total y una adhesión completa al Señor, es fortalecer su voluntad contra las tentaciones, tener presente siempre todo lo bueno, dejar su vida en manos de Dios de infinita bondad, con toda confianza. Y en esas “buenas Manos” le será más fácil vivir la plenitud del amor.
Por supuesto se podrá realizar esta proeza –hoy día hay que considerarla proeza- recurriendo a los sacramentos, apoyándose en los dones del Espíritu
Santo, donde están los recursos naturales y sobrenaturales, a la disposición de todos.
Amigos, nuestra propuesta de hoy, y para hoy, es creer por la fe, que con la ayuda divina, todo es posible. Se debe intentar la empresa de saber vivir en el amor y hacer lo que sea posible en esa dirección, según las circunstancias que vive cada uno y que no nos dispensan de hacer este intento maravilloso y fructífero para nuestro bien y el de los demás.
Matrimonios, familias, sociedades y pueblos enteros que luchen sinceramente y como puedan por lograr vivir en el amor, harán un mundo nuevo y en paz.
No habrá paz si no hay amor. Amor que viene de lo Alto y que convierte lo más íntimo del corazón del hombre.
Esto nos pide la hora que vive nuestro mundo: conversión interior y una gran respuesta de amor.
Podemos empezar hoy, ahora. Tengamos con quienes nos rodean –familiares, amigos, quienes viven en nuestro edificio o en nuestro barrio, en los comercios que frecuentamos- tolerancia y paciencia, ayuda solidaria. Ofrezcamos a todos una sonrisa atrayente y simpática. Que de todas estas cosas pequeñas o no, se nutre el amor y con ellas se demuestra.
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