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LA RESURRECCION DE CRISTO Y MARIA
Después que Jesús es colocado en el sepulcro, María es la única que mantiene viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la Resurrección. La espera que vive la Madre el Señor el Sábado Santo constituye uno de los momentos más altos de su fe: en la oscuridad que envuelve al universo Ella confía plenamente en el Dios de la vida, y recordando las palabras de su Hijo, espera la realización plena de las promesas divinas.
Los Evangelios refieren varias apariciones del Resucitado, pero no hablan del encuentro de Jesús con su madre. Silencio que no debe llevarnos a concluir que después de su resurrección, Jesucristo no se apareció a María.
¿Cómo podría la Virgen, presente en la primera comunidad de los discípulos, haber sido excluida del número de los que se encontraron con su divino Hijo, resucitado de entre los muertos?
Es legítimo pensar, verosímilmente, que Jesús resucitado se apareció a su madre en primer lugar. La ausencia de María del grupo de las mujeres que al alba se dirigieron al sepulcro, podría constituir un indicio de que Ella ya se había encontrado con Jesús. Esta deducción quedaría confirmada también por el dato de que los primeros testigos de la Resurrección, por voluntad de Jesús, fueron las mujeres, las cuales habían permanecido fieles al pie de la Cruz y, por tanto, más firmes en la fe. Es a María Magdalena que Jesús le encomienda el mensaje que debía transmitir a los Apóstoles. También por esto podemos pensar que Jesús se apareció primero a su madre, pues Ella fue la más fiel y en la prueba conservó íntegra su fe.
Por último, el carácter único y especial de la presencia de la Virgen en el Calvario y su perfecta unión con su Hijo en el sufrimiento de la Cruz, parecen postular su participación en el Misterio de la Resurrección.
Un autor del siglo V, llamado Sedulio, sostiene que cristo se manifestó en el esplendor de la vida resucitada, ante todo a su madre. Ella, que en la Anunciación fue el camino de su ingreso al mundo, estaba llamada a difundir la maravillosa noticia de la Resurrección para anunciar su gloriosa venida. Así inundada por la gloria del resucitado, María participa del resplandor de la Iglesia.
Por ser imagen y modelo de la Iglesia, que espera al Resucitado, y que en el grupo de los discípulos, se encuentra con Él durante las apariciones pascuales, parece razonable pensar que María mantuvo un contacto personal con su Hijo resucitado, para gozar también Ella de la plenitud de la alegría pascual.
La Santa Virgen, presente en el Calvario el Viernes Santo, y en el cenáculo en Pentecostés, fue probablemente testigo privilegiada también de la Resurrección de Cristo, completando así su participación en todos los momentos esenciales del misterio pascual. María, al acoger a Cristo resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad que espera logar su plena realización, mediante la resurrección de los muertos.
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