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FIESTA DE NUESTRA SEÑORA DE LOURDES
En el año 1858, la Santísima Virgen María se apareció 18 veces a la niña Bernardette Soubirous, en una gruta cercana a Lourdes. Por medio de esta niña, la Virgen afirma ser la Inmaculada Concepción (confirmando el dogma ya proclamado por la Iglesia) llama a los pecadores a la conversión, a un mayor espíritu de oración y caridad y recomienda el rezo del Santo Rosario. Esto sucedió por primera vez un 11 de Febrero. Su Santidad León XIII aprobó esta festividad y Pío X la extendió a toda la Iglesia.
En este hecho el Señor nos manifiesta como ha querido poner en manos de su Madre todas las riquezas que los hombres debemos implorar y nos ha dejado en Ella el consuelo del cual andamos necesitados. Las apariciones a la pequeña Bernardette son una llamada que nos recuerda la misericordia de Dios, que se ejerce a través de Santa María.
La Santísima Virgen quiso recordarnos en aquella gruta la necesidad de la conversión y de la penitencia. Quiso nuestra Madre poner de relieve que la humanidad fue redimida en la Cruz y el valor actual del dolor, del sufrimiento y de la mortificación voluntariamente ofrecida.
En Lourdes han sucedido muchos prodigios sobre los cuerpos, curaciones milagrosas, pero más aún sobre las almas, como conversiones de indiferentes o ateos, o el recobrar otros la fe perdida, renovar la piedad, o la aceptación amorosa de la divina voluntad.
Refiriéndose la fiesta que hoy se celebra, se preguntaba el Papa Juan Pablo II, por qué gentes tan diversas acuden a la gruta donde tuvieron lugar las apariciones y respondía: “porque saben que allí, como en Caná, está la Madre de Jesús y donde Ella está no puede faltar su Hijo. Esta es la certeza que mueve a las multitudes que cada año se vuelcan en Lourdes en busca de un alivio, un consuelo, una esperanza”.
Y en 1980, S.S. Juan Pablo II también nos decía: “La curación milagrosa, sin embargo, es a pesar de todo un acontecimiento excepcional. La potencia salvífica de Cristo, obtenida por la intercesión de su Madre, se revela en Lourdes sobre todo en el ámbito espiritual. En el corazón de los enfermos hace oír la voz del Hijo,C.3 Nº 013 A – Nuestra Señora de Lourdes que los hace superar actitudes negativas o de rebelión y restituye los ojos del alma para ver con luz nueva el mundo, los demás y el propio destino”.
El Señor, a quien nos conduce siempre su Madre, amaba a los enfermos. San Pedro resume su vida en estas palabras: “Jesús de Nazareth pasó haciendo el bien y sanando”...
Recordémoslo hoy de manera especial que es el día mundial del enfermo. Podemos pedir la curación, pero ante todo, debemos pedir ser dóciles a la gracia para que en las circunstancias que nos toque vivir sepamos crecer en fe, esperanza y caridad.
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