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LA CONVERSION
Adviento
Juan el Bautista, el precursor que anunció la presencia del Salvador entre los hombres, nos llama a la conversión. Antes, como ahora, el llamado a la conversión se dirige a todos los hombres.
La gente le preguntaba a Juan Bautista ¿qué debemos hacer para convertirnos?
Y él les contestaba: “Sepan compartir con los demás”.
¿No es éste un llamado a la caridad, al amor entre hermanos? ¿Una negación del egoísmo?... Por caridad, por compasión, en definitiva por el amor solidario...
Amor en Cristo Jesús.
Y ya entonces, Juan predicaba esta caridad como camino de conversión.
Uno de los caminos.
Porque seguidamente los cobradores de impuestos también preguntaron qué debían hacer, a lo que Juan contestó: “No exijan más de lo que corresponde”.
Camino de conversión, evitando una pretensión exagerada en el cobro, con perjuicio del otro.
Por su parte, también los soldados hicieron la misma pregunta, y Juan les contestó: “No abusen de su poder para sacar provecho, no hagan falsas denuncias y confórmense con su sueldo”.
Camino de conversión anulando el abuso de poder sobre otros, y las conveniencias personales.
Las palabras de entonces de Juan siguen siendo actuales. Todos estamos llamados a la conversión y Juan nos señala los caminos, como precursor de Jesús, ya adelantando las enseñanzas explícitas de Jesús en sus años de predicación de su doctrina.
Reflexionemos nosotros, sobre nuestra propia conversión.
Jesús nos invita a cambiar nuestra manera de pensar y actuar para que el Reino de Dios se haga realidad en nuestra vida. Nada de egoísmos, nada de abusos, nada de querer sacar ventajas a costa de los hermanos en Cristo Jesús.
Amor entre hermanos.
Convertirnos constantemente a Dios nos hará vivir de acuerdo a las exigencias del Reino de los cielos y preparar la venida del Señor. Esta conversión nos lleva a arrepentirnos de los pecados.
Zaqueo nos enseña que Dios le hizo cambiar de vida una vez convertido, y arrepentido de sus pecados, reparó el mal que había hecho, devolviendo a los contribuyentes los bienes mal quitados por su ambición.
Jesús le aseguró a Zaqueo que la salvación había llegado a su casa, ya que Él “había venido a buscar y salvar lo que estaba perdido”.
Hoy, Jesús recorre con triste mirada nuestro mundo actual y clama a los hombres su conversión.
Dejemos que Jesús venga a nuestro corazón, y arrepentidos de nuestras faltas, seamos verdaderamente miembros del pueblo elegido.
La verdadera conversión nos hace seguidores de Jesús.
Escuchemos la voz de Juan que, hoy como ayer clama en el desierto, llamando a la conversión, que será nuestra alegría y felicidad en este mundo y en la eternidad.
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