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PRESENCIA DE MARIA
Podemos decir que María ha estado siempre presente en la historia de la humanidad.
Primero, en el corazón del Padre, que la ensayó, la fue modelando, la eligió y fue predestinada por Él para que fuera Madre de su Hijo.
Cuando la Divina Providencia fijó el momento, María vino a este mundo, hija de Joaquín y Ana sus padres santos.
Desde los comienzos de su vida, María exhibió su particular piedad, su disposición a la voluntad del Padre eterno, su inclinación a una santidad y perfección de vida, muy propias. Un gran amor a Dios reinaba en su corazón desde niña.
Le dedicó la vida. Y así fue que la disposición divina anunciada por el Arcángel Gabriel tuvo una respuesta inmediata y conforme al plan de Dios.
Nació Jesús.
María sigue presente viviendo su personal historia en la historia de toda la humanidad. Su figura crece en el silencio de los años de vida oculta. Durante la vida pública de Jesús, María está presente. Es protagonista en las bodas de Caná, intercediendo ante Jesús, por las necesidades de los novios.
Y con heroísmo santo, está presente en los días finales de la vida terrena de su Hijo Jesús: en el camino al Calvario, y al pie de la Cruz, en la consumación del Sacrificio Redentor.
Su presencia no es sólo una presencia física de espectadora, sino una presencia comprometida, como siempre, con el plan trazado por el Padre desde la eternidad.
María redime junto con el Hijo. Es nuestra co-redentora. Y nuestra Madre desde el momento sublime en que el Hijo agonizante, se lo pide.
Pasó el momento doloroso y sublime de la salvación y redención del hombre.
Cristo resucitado, asciende a los Cielos.
Y María queda con nosotros los hombres. Mantiene la fe de los apóstoles en la espera del Espíritu Santo prometido.
Y luego, su vida apartada, otra vez oculta en el silencio, hasta que el Hijo la llama a estar con Él, en el gozo de la contemplación eterna de la Santísima Trinidad, en el lugar privilegiado elegido por Dios, para quien siendo su esclava, es ahora la Reina y Señora de la creación.
Hasta siempre María será la omnipotencia suplicante, intercediendo por nosotros, escuchando nuestros ruegos, transmitiéndolos a su Hijo. Es Jesús quien ha puesto en manos de su Madre María, las gracias del Cielo. Todo nos llega a través de María y María a todos nos lleva a su Hijo, nuestro Redentor y Salvador.
Sepamos aceptar y honrar este regalo del Cielo siendo fieles discípulos de Jesús, y fieles hijos de María.
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