MI DIOS ES FRAGIL

Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre. Es el Hombre-Dios.
Como  Dios tiene el poder y la fortaleza divinas.
Como Hombre, la fragilidad humana.
Por eso decimos: “Mi Dios es frágil”.
Tuvo hambre, sueño y cansancio.
Conoció la alegría humana, la amistad, el gozo.
Fue frágil mi Dios por sus sentimientos, por su sensibilidad humana.
El sentimiento más poderoso de Cristo fue el Amor. Por amor divino, se encarnó vivió, sufrió y murió.
Camino al Calvario, la humanidad frágil de mi Dios nos muestra sus tres caídas: bajo ¿el peso de la cruz?.... Bajo ¿el peso de los pecados de la humanidad?... Pero su divinidad le regala a la Verónica aquel rostro doliente estampado en el velo, con que ella supo restañar las huellas visibles de las heridas recibidas.
En la Cruz del Viernes Santo moría el Hombre, redimiendo a la humanidad como Hombre y como Dios.
Sufría como Hombre y soportaba como Dios.
La fragilidad de Jesús en la Cruz se unía a la fortaleza del Dios enviado a salvar a los hombres. Como Hombre obedecía, como Dios cumplía.
Mi Dios humano es frágil.
Amigos, contemplemos a Cristo en la Cruz.
Nada  humanamente más frágil que su exclamación: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?
Jesús murió perdonando, excusando al  hombre deicida.
Otra vez Hombre y Dios, implora:”Perdónalos no saben lo que hacen”.
Y desde la Cruz canonizó al ladrón, convirtiéndolo en santo de la Iglesia; “Hoy estarás conmigo en el Paraíso”.

Y encomendando su alma al Padre, como Hombre murió: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Había vivido para hacer el bien. Fue dulce y tierno con los débiles, y severo con los soberbios.
Curaba a los enfermos: ciegos, leprosos... No amaba al dolor ni a la enfermedad.
Su humanidad lo hacía frágil y compasivo frente a cualquier dolor.
Hombre de su época, vestía y hablaba como todos.
Rompió la vieja moral del “ojo por ojo y diente por diente”, y de la venganza mezquina. Mi Dios inauguró la frontera de un amor nuevo. Y a pesar de ser perseguido, siguió amando y mi Dios ¡venció a la muerte! Haciendo brotar un fruto nuevo: la resurrección.
Debió morir para triunfar.
Es difícil este Dios humanamente frágil para quienes creen que se triunfa, venciendo; que sólo se defiende, matando; para quienes no creen que la salvación es un regalo del cielo al justo y al pecador arrepentido.
Tuvo en padre y una Madre; como un hombre común, vivió en el seno de una familia. A José le quería y respetaba como un hijo; a María la quería entrañablemente como los hijos quieren a sus madres. Y como Dios, le agradecía en silencio su aceptación de la voluntad divina. Por Ella vino a nosotros. Por el sí de Ella al Padre, se cumplió la redención y salvación de todo el género humano.
Mi Dios es frágil por la intensidad de sus sentimientos humanos.
Generoso, compasivo, cercano.
También conoció el enojo al echar a los mercaderes del Templo. Era Hombre justo, en el cuidado de los intereses divinos.
Con su Palabra  - Palabra de Dios-  y con el ejemplo de su vida y de su muerte – vida y muerte del Hombre-  enseñó la doctrina que nos guía a nuestro destino de felicidad eterna.
Y ahora es nuestra decisión personal: aceptarlo en su fragilidad humana tan cercana y en su Divinidad. Aceptar cada uno su propia redención y salvación, por la que Él vivió y murió.
Como Dios y como Hombre.
Perfecto en cuanto Dios, como hombre, mi Dios es frágil.