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ALGUNOS MINUTOS, NADA MÁS…
En lo agitado de nuestras vidas, dispongamos de algunos minutos para dirigirnos al Señor:
Dios mío:
Ayúdame a decir la verdad en la cara de los fuertes, y a no mentir para congraciarme con los débiles.
Si me das dinero, no tomes mi felicidad y si me das fuerzas, no quites mi raciocinio.
Si me das éxito, no me quites la humildad; si me das humildad, no me quites mi dignidad.
Ayúdame a conocer la otra cara de la imagen de una persona, y no me dejes acusar duramente al adversario, porque no comparte mi criterio.
Enséñame a amar a los demás como a mí mismo, y a juzgarme a mí mismo de igual modo que yo juzgo a los demás.
No me dejes embriagarme con el éxito cuando lo logre, ni desesperarme si fracaso.
Hazme siempre recordar que el fracaso es la prueba que antecede al éxito.
Enséñame que la tolerancia es el más alto grado de la fuerza y que el deseo de venganza es la primera manifestación de La debilidad.
Si me despojas del dinero, déjame la esperanza; y si me despojas del éxito, concédeme la fuerza de voluntad para vencer el fracaso.
Si hago daño a alguien, dame la capacidad de la disculpa; y si alguno me hace daño, dame clemencia y la capacidad de perdonar.
Si me quitas el don de la salud, déjame la conformidad por la gracia de la fe.
Dios mío, si te olvido alguna vez, te pido:
¡no te olvides Tú de mí!
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