UN TIEMPO MUY ESPECIAL...

Conté mis años y descubrí que tengo menos tiempo para vivir de aquí en adelante, que el que viví hasta ahora. Me siento como aquella joven que ganó una caja de dátiles: los primeros los comió rápidamente y con displicencia, pero cuando le quedaron pocos comenzó a disfrutarlos comiéndolos despacio y ¡hasta el carozo!.
Ya no tengo tiempo para lidiar con mediocridades, no quiero estar en reuniones donde desfilan egos inflados. Me molestan los envidiosos que tratan de desacreditar a los más capaces, para apropiarse de sus lugares, talentos y logros.
No pienso aceptar cosas y situaciones sólo para quedar bien con alguien. Dejaré de darle vuelta la cara a la verdad, por una falsa comodidad o para evitar un dolor, o no tener que comenzar algo de nuevo.
Ahora me arriesgo.
Ya no tengo tiempo para reuniones interminables  en las que se discuten cosas que nunca sucederán, proyectos que no se lograrán.
Tampoco tengo tiempo para soportar melindres de personas que, a pesar de su edad cronológica, son unos inmaduros.
“Las personas no discuten contenidos, apenas los títulos”, dijo alguien. Creo que mi tiempo es escaso para discutir títulos. Quiero la esencia, llenar mi alma y mi corazón.
Quiero vivir al lado de gente que reconozca sus errores, que sepa reír, que no se envanezca con los triunfos que obtenga, que no se considere elegida antes de hora, personas que no se sientan únicas; que no huyan de sus responsabilidades, que defiendan la dignidad de toda criatura y que deseen tan solo andar al lado de Dios y vivir en Su Verdad divina.
Quiero disfrutar de un afecto sincero, caminar en compañía de gente que valore la esencia misma y no las apariencias.  Gente que los golpes duros de la vida los enseñó a crecer con toques suaves en el alma, y siguen creyendo en el amor.
Quiero vivir con la intensidad que sólo da la madurez. Pretendo no desperdiciar nada del sabor de los dátiles que me quedan... y tengo la seguridad que serán más exquisitos que los que hasta ahora haya comido. Que la experiencia que hoy tengo,  les dará un nuevo sabor más delicado.
Porque comenzaré a crecer con todos los  acontecimientos que forman parte de la vida de todos los días. Me libraré de todo lo que me empuje hacia abajo. Mi meta está más alta, más arriba.

Hoy desisto de querer  tener siempre la razón y, con eso, me equivoco menos. Hoy revivo del pasado las emociones y recuerdos que me alientan, el futuro lo entrego a la esperanza, y mientras, me mantengo en el presente donde mi vida acontece.
Porque la meta es llegar al final con plenitud, con la satisfacción de lo vivido con esfuerzo y buena voluntad, también con sacrificio y entrega.
Principalmente en paz con Dios por haber vivido en su gran amor.