BIENAVENTURANZAS DE LOS SACERDOTES

Bienaventurado el sacerdote que mira al Cielo, porque tendrá siempre la respuesta oportuna para los hombres que viven y preguntan en la tierra.
Bienaventurado el sacerdote que no olvida a Cristo, porque tampoco el Señor lo dejará de lado cuando esté frente a Él.
Bienaventurado el sacerdote que confiesa y perdona en nombre de Cristo, porquen la puerta del Cielo se abrirá para aquéllos a los cuales perdonó desde la misericordia de Dios.
Bienaventurado el sacerdote que permanece en silencio, porque sentirá la fuerza omnipresente y protectora de Dios.
Bienaventurado el sacerdote que es fuerte ante las dificultades, porque sentirá el peso y la dureza de la Cruz de Cristo.
Bienaventurado el sacerdote que bendice, ama y acompaña, porque irá dejando semillas del amor de Cristo por donde sus pies caminen.
Bienaventurado el sacerdote que da lo que tiene, porque su caridad será recompensada por el Maestro que todo lo dio.
Bienaventurado el sacerdote que busca y avanza en la perfección, porque en la altura de miras estará la grandeza de su vocación.
Bienaventurado el sacerdote que crea contra toda esperanza, que predica a pesar de los rechazos, que avanza a pesar de los frenos del mundo, que alegra los corazones atribulados, que no se amilana ante la cizaña que encuentra a su paso, que siente suyas las grandes heridas del mundo, que llora con los débiles y es solidario con los pobres de espíritu....
Bienaventurado el sacerdote que siendo perseguido o calumniado, sabe que su fuerza y su poder están el la Palabra del Evangelio, en el alimento de la Eucaristía, en la intimidad de la oración, en la comunión con toda la Iglesia.