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MARIA, SEÑORA DEL SILENCIO Y DE LA PALABRA.
Madre, tu corazón de pobre es el arca de la palabra redentora, de la palabra de vida, porque Tú has hecho del mismo silencio, tu elocuencia.
Enséñanos a madurar nuestra palabra en el silencio, haznos caminar por el sendero de la fe y de la humildad, buscando el rostro de tu Hijo.
Haznos pobres, pequeños, abiertos, para acoger a tu Hijo con sencillez.
Madre del silencio y de la palabra haznos comprender el valor del silencio, para que nuestra palabra transmita vida, y sea testimonio de nuestro obrar.
Ilumina nuestro mundo tan envuelto en la sombra del mal. Haznos entrar en la profundidad silenciosa del misterio de tu Hijo, para que a pesar del trajín de la vida, construyamos en nosotros un lugar de encuentro con Dios.
Danos tu fortaleza y serenidad para enfrentar las dificultades, tu paz y equilibrio, tu alegría y sencillez de corazón. Enséñanos a amar, a servir, a adorar, a dar sentido a la vida; pero, sobre todo, a aprender a hablar y a callar, Señora del silencio y de la palabra.
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