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A NUESTRA SEÑORA DE BELÉN
Señora de Belén, Señora de la Noche más buena y esperada, Señora del silencio y de la luz, Señora de la paz, la alegría y la esperanza.
Señora de la sencillez de los pastores y de la claridad de los Ángeles que cantan: “Gloria a Dios en el Cielo, y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor”.
Señora de los pobres y de los niños, Señora de los que no tienen nada, de los que sufren soledad porque no encuentran comprensión en ningún alma.
Gracias por habernos dado al Señor en esa única Noche de la historia. Por habernos entregado el Pan que nos faltaba.
Gracias por habernos hecho ricos con tu pobreza y tu fidelidad de Esclava.
Gracias por tu silencio que recibe, esclarece y engendra la Palabra.
Nos sentimos felices en esta Navidad. Y con ganas de contagiar esta dicha a muchas almas.
De gritar a los hombres que se odian: que Dios es Padre y los ama.
De gritarles a los que tienen miedo: “No temáis”.
Y a los que tienen el corazón cansado: “Adelante, que Dios los acompaña”.
Señora de Belén.
Señora de la noche y la mañana.
Señora de los campos que despiertan porque Jesús ha nacido en la comarca.
Señora de los que peregrinan, como Tú sin hallar tampoco una posada.
Enséñanos a ser pobres y pequeños.
A no tener ambición por nada.
A desprendernos y entregarnos.
A ser los mensajeros de la paz y la esperanza.
Que esta Noche de Luz que Tú nos diste sea el comienzo de una claridad que no se acaba.
Que el amor sustituya a la violencia.
Que haya justicia entre los hombres y los pueblos.
Que en la Verdad, la Justicia y el Amor, se haga la verdadera Paz cristiana.
Que en Nochebuena Jesús nazca también en nosotros y que al vivir nuestra vida diaria, podamos decirles a los hombres:
“No temáis. Les traemos la Buena Noticia, la gran alegría para todos: en la ciudad de David ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor.
Amén.
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