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SIGUIENDO A UNA HORMIGA.
Ejemplo.
Pasaba una hormiga cargando una enorme hoja, como de diez veces su tamaño. La llevaba a cuestas con sacrificio. Tan pronto la llevaba sobre su cabeza, como la arrastraba. Si el viento soplaba, la hoja temblaba y caía, haciendo caer también a la hormiga.
Fueron muchos los tropiezos en el camino, pero la hormiga no se desanimaba y perseverante, seguía adelante con su pesada carga.
Y así llegó a un agujero en la tierra que, seguramente, era la puerta de su casa. Finalmente había cumplido su objetivo.......
Pero, no. Ese no era el final de su trabajo, más bien de su epopeya! Solamente había cumplido una etapa, la primera. La hoja era mucho más grande que el agujero y no podía entrar por allí. Desgraciada hormiguita ¡tanto sacrificio... para eso!
Pero la hormiga era sorprendente. Entró ella sola por el pequeño agujero dejando la hoja afuera, a la puerta. Entonces, salieron de adentro muchas otras hormigas, trabajadoras como ella, que comenzaron a cortar la hoja en pedacitos que pronto, estuvieron dentro del agujero, es decir, en la casa. Bueno, en el hormiguero.
Todas parecían alegres en su tarea que cumplieron bien rápido, por cierto.
A esta altura del cuento, pensemos, amigos que nos escuchan.
¿Cuántas veces nos desanimamos nosotros, los humanos, delante del tamaño de las tareas o dificultades que se nos presentan en nuestro recorrido por la vida diaria?
Tal vez si la hormiga hubiera considerado el tamaño de la hoja la hubiera dejado, sin pensar siquiera en cargarla.
Admiremos, por tanto, su persistencia, su coraje y su fuerza para emprender la dificultosa tarea.
Aquella hormiguita era todo un ejemplo...
Entonces, transformemos nuestra manera de pensar y enfrentar dificultades de cualquier tipo que sean. Somos hijos predilectos de Dios. ¿Seremos menos que una hormiga?
Pidamos al Señor, en oración sencilla y humilde:
Que nos dé tenacidad para cargar con el día a día.
Que nos dé perseverancia para continuar a pesar de las caídas.
Que nos conceda inteligencia y experiencia como para dividir la carga en pedazos, más fáciles de asumir.
Que nos dé la humildad necesaria para dividir con otros, el éxito de la empresa terminada, aunque el camino hubiera sido solitario.
Que nos alcance la gracia de no desistir de una tarea a emprender, aún cuando los vientos contrarios nos tambaleen y hagan caer bajo el tamaño de la carga, cuando no se vea cuál es el camino a recorrer.
Que nos conceda claridad para ver la alegría de los frutos de la empresa cumplida, alegría propia y también de otros muchos.
Probablemente la pequeña hormiga consideró la alegría en el hormiguero por el sustento conseguido con trabajo y esfuerzo. Era para toda la colonia...... y eso fue determinante para olvidar su propio esfuerzo y superar las dificultades.
Nosotros, como la hormiga saldremos fortificados del trabajo realizado, cualquiera sea el sacrificio que ha costado la caminata.
Valió la pena ¿verdad?
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