CORAZON ABIERTO

Hubo una vez un niño internado con una seria enfermedad al corazón, que necesitaba de una cirugía.
Con anterioridad a esta operación, el cirujano se acercó al niño para decirle que operaría su corazón para ver qué estaba mal allí adentro y mejorar su salud.
El niño, sin dejarse impresionar por las palabras del cirujano, simplemente y con gran fe y toda su inocencia, le preguntó:
Usted ¿encontrará allí a Jesús?
El cirujano lo miró asombrado, y sin tener en cuenta la pregunta, siguió explicando que su objetivo era conocer el daño que hubiera.
Pero el niño, insistió: ¿Encontrará allí a Jesús?
El cirujano miró a los padres del chico que estaban presentes, allí sentados tranquilamente.
Y siguió con sus explicaciones, diciendo:
Cuando opere veré  lo que hay allí y determinaré cómo hay que seguir.
Contesto el enfermito: Pero usted encontrará a Jesús allí porque mi padre dice que Él vive en mi corazón.
A esta altura, el cirujano pensó que ya era suficiente, y dijo que él vería en el corazón  los músculos afectados, las paredes dañadas y los vasos y arterias.
A lo cual el chico, con pleno convencimiento, le dijo que allí encontraría también a Jesús, porque ése era su hogar y siempre estaba con él.
El cirujano, hombre de poca fe, no toleró más comentarios y se retiró.
Enseguida se sentó en su oficina y se puso a revisar los estudios realizados previos a la cirugía. Su diagnóstico fue que la enfermedad era demasiado grave, que no había posibilidad de trasplante, y no tenía posibilidad de curación alguna. Terapia: analgésicos y reposo absoluto. Muerte dentro del primer año.
Entonces se detuvo y preguntó: ¿por qué? ¿por qué le hiciste eso a este niño?
Tú lo pusiste en esta situación ¿para qué su vida, tan corta?
De pronto, Dios le contestó:
El niño, mi oveja, ya no pertenecerá a tu rebaño porque él es parte del mío y conmigo estará toda la eternidad, aquí en el Cielo, en mi rebaño sagrado; ya no tendrá ningún dolor, será confortado de una manera inimaginable para ti o para cualquiera. Sus padres, un día se reunirán con él, conocerán la paz y la armonía juntos en mi Reino, y me rebaño sagrado continuará creciendo.
El cirujano comenzó a llorar, porque no entendía las razones y aún replicó a Dios:
Tú creaste a este muchacho y también su corazón ¿para qué? ¿para que muera dentro de unos meses?
El Señor le respondió: porque es tiempo que regrese a su rebaño. Su tarea en la tierra ya la cumplió. Hace unos años envié a la tierra a una oveja mía con dones de doctor para que ayudara a sus hermanos, pero con tanta ciencia se olvidó de su Creador. Así que envié a otra oveja (el niño enfermo) no para perderlo, sino para que regresara a Mí a aquella otra oveja perdida hace tanto tiempo.
Pero el cirujano continuó con su llanto inconsolable.
Días después, ya practicada la cirugía, el doctor se sentó a un lado de la cama del niño y los padres lo hicieron al frente del médico.
El chico despertó, vio al cirujano, y rápidamente murmuró:
¿Operó mi corazón?
Sí, dijo el doctor.
¿Qué encontró? Volvió a preguntar el niño.
Tenías razón: encontré allí a Jesús.

Con esta anécdota, tal vez hayan quedado más claras muchas de nuestras preguntas sin respuesta, muchas de nuestras rebeldías.
Siempre confiemos, de corazón, en la bondad infinita de Dios.
El conoce los caminos para bien de sus hijos tan amados.